
¿Tu hijo es “malo para los deportes”… o su cerebro procesa la información de forma diferente?
- CDC Panama

- 2 ago
- 3 min de lectura
“Es muy torpe.”
“Nunca entiende las instrucciones.”
“Siempre llega tarde al juego.”
“No le gustan los deportes.”
Estas son frases que muchos niños escuchan durante años. Sin embargo, detrás de estas etiquetas puede existir una explicación mucho más compleja: dificultades en el procesamiento de la información.

La educación física es una de las clases más exigentes para el cerebro. En pocos segundos, el niño debe escuchar instrucciones, comprenderlas, recordar las reglas, observar el movimiento de otros compañeros, coordinar su cuerpo, mantener el equilibrio, reaccionar rápidamente y adaptarse a los cambios del juego.
Cuando alguno de estos procesos no funciona de manera eficiente, el resultado puede parecer simple: el niño “no sirve para los deportes”. Pero esa conclusión suele ser incorrecta.
La educación física exige mucho más que fuerza
Participar con éxito en una clase de educación física implica integrar múltiples habilidades:
Comprender instrucciones verbales.
Procesar información visual.
Coordinar ambos lados del cuerpo.
Planificar movimientos.
Mantener la atención.
Regular las emociones.
Adaptarse a cambios rápidos.
Recordar reglas y secuencias.
Si cualquiera de estos sistemas presenta dificultades, el desempeño deportivo también puede verse afectado.
¿Qué tipos de procesamiento pueden influir?
Procesamiento auditivo
El niño escucha, pero le cuesta interpretar rápidamente lo que dice el profesor.
Por ejemplo:
“Corran hasta el cono rojo, luego formen parejas y lancen la pelota.”
Mientras otros niños ya comenzaron, él todavía intenta entender qué debe hacer.
No es desobediencia.
No es falta de atención.
Su cerebro necesita más tiempo para procesar la información.
Procesamiento visual
Puede tener dificultades para:
seguir una pelota en movimiento;
copiar una secuencia motora;
identificar rápidamente señales visuales;
ubicarse dentro del espacio de juego.
Esto puede hacer que parezca “descoordinado”, cuando en realidad la información visual no se procesa con suficiente rapidez o precisión.
Procesamiento motor
Algunos niños presentan dificultades en la planificación motora (dispraxia).
Saben lo que quieren hacer, pero organizar el movimiento resulta complicado.
Les cuesta aprender:
lanzar;
atrapar;
saltar;
coordinar movimientos;
imitar acciones nuevas.
Generalmente necesitan muchas más repeticiones para automatizar una habilidad.
Procesamiento sensorial
El gimnasio puede ser un ambiente extremadamente demandante.
Hay:
ruido;
silbatos;
música;
compañeros corriendo;
contacto físico;
cambios constantes.
Algunos niños se saturan sensorialmente y comienzan a evitar participar.
No es falta de interés.
Es una respuesta de su sistema nervioso.

Procesamiento del lenguaje
Muchos juegos requieren comprender reglas complejas y vocabulario espacial como:
detrás;
delante;
alrededor;
diagonal;
entre;
cambia de compañero.
Los niños con Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) pueden necesitar apoyos adicionales para comprender estas consignas, especialmente cuando se presentan rápidamente o en ambientes con mucho ruido.
Señales que pueden llamar la atención
Un niño con dificultades de procesamiento puede:
observar a los demás antes de comenzar;
ser siempre el último en entender la actividad;
evitar deportes con pelota;
frustrarse con facilidad;
parecer distraído;
confundirse cuando cambian las reglas;
tropezar frecuentemente;
evitar participar en juegos grupales.
Estas conductas no deberían interpretarse automáticamente como falta de interés o mala actitud.
El impacto emocional de las etiquetas
Cuando un niño escucha repetidamente que es “malo para los deportes”, comienza a creerlo.
Con el tiempo puede desarrollar:
baja autoestima;
ansiedad frente a la actividad física;
miedo al error;
rechazo hacia el ejercicio;
menor participación social.
Las etiquetas afectan mucho más que el rendimiento deportivo.

¿Qué pueden hacer los docentes?
Pequeñas adaptaciones pueden marcar una gran diferencia:
Dar instrucciones cortas y paso a paso.
Mostrar el movimiento mientras se explica.
Comprobar que el niño comprendió.
Permitir más tiempo para responder.
Reducir distractores cuando sea posible.
Enseñar una habilidad nueva antes de incorporarla al juego grupal.
Valorar el esfuerzo y el progreso, no solo el resultado.
¿Cuándo conviene buscar una evaluación?
Si estas dificultades aparecen de manera constante y afectan el desempeño escolar, deportivo o social, es recomendable realizar una evaluación integral.
Dependiendo del perfil del niño, puede ser importante valorar:
lenguaje;
procesamiento auditivo;
habilidades motoras;
integración sensorial;
funciones ejecutivas;
coordinación.
Una evaluación adecuada permite comprender por qué el niño tiene dificultades y diseñar apoyos específicos.
En lugar de preguntarnos:
”¿Por qué es tan malo para educación física?”
Tal vez deberíamos preguntarnos:
”¿Qué necesita su cerebro para participar con éxito?”
Cuando dejamos de etiquetar y comenzamos a comprender, los niños no solo mejoran su desempeño. También recuperan la confianza para disfrutar del movimiento, aprender y sentirse capaces.
Porque ningún niño debería crecer creyendo que es “malo para los deportes”, cuando lo que realmente necesita son apoyos para procesar la información.



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