Neurológicamente, no es lo mismo que un adulto alimente al niño a que el niño participe activamente y se alimente por sí mismo.
- CDC Panama

- hace 6 horas
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La diferencia va mucho más allá de “aprender a comer solo”: cambia la cantidad y calidad de información sensorial y motora que recibe el cerebro.
Cuando el adulto le da de comer

El niño puede recibir el alimento con poca participación activa:
El adulto controla cuándo, cuánto, dónde y a qué velocidad llega el alimento.
Hay menos oportunidades para que el niño anticipe el movimiento y organice su respuesta motora.
El sistema nervioso recibe menos información relacionada con alcanzar, agarrar, llevar a la boca, graduar la fuerza y ajustar el movimiento.
Si además los alimentos son siempre triturados o muy blandos, disminuye la necesidad de realizar movimientos mandibulares y linguales más complejos.
El niño puede desarrollar una experiencia más pasiva frente a la alimentación.
Cuando el niño se alimenta solo:

Aquí ocurre una verdadera experiencia sensoriomotora.
El niño tiene que:
ver → alcanzar → agarrar → ajustar la fuerza → transportar → orientar → introducir el alimento → morder → masticar → formar el bolo → deglutir.
Cada una de esas acciones proporciona información al sistema nervioso sobre:
Propiocepción: cuánto esfuerzo necesita para agarrar, morder y masticar.
Tacto: textura, temperatura, consistencia y tamaño.
Sistema vestibular y postural: estabilidad de cabeza y tronco mientras se alimenta.
Coordinación ojo-mano-boca.
Planificación motora: cómo resolver una tarea nueva.
Control mandibular y lingual.
Retroalimentación sensorial: el cerebro recibe información y modifica el movimiento en tiempo real.
Y aquí está lo importante para el desarrollo oromotor
Cuando el niño tiene que morder y masticar activamente, el sistema nervioso necesita organizar movimientos de:
mandíbula + lengua + labios + mejillas + musculatura facial, además de coordinar respiración y deglución.

La alimentación independiente, por tanto, no es solamente una habilidad de autonomía. También es una oportunidad diaria de aprendizaje motor y sensorial.
Pero hay una precisión importante: darle de comer a un niño no es perjudicial por sí mismo. Hay momentos en los que el adulto debe ayudar, especialmente por edad, seguridad, habilidades motoras, dificultades de alimentación o riesgo de atragantamiento. El objetivo es que la ayuda sea la mínima necesaria y vaya disminuyendo progresivamente, permitiendo que el niño participe activamente.
Y tampoco significa que “si come solo tendrá mejor desarrollo neurológico”. El desarrollo depende de múltiples experiencias. Lo que sí podemos decir es que la participación activa durante la alimentación ofrece muchas más oportunidades de práctica sensoriomotora que una alimentación completamente pasiva.
Alimentar a un niño no es solo llevar comida a su boca. Cada vez que el niño alcanza, agarra, muerde y mastica, su cerebro está aprendiendo a organizar movimiento, fuerza, sensación y coordinación.



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