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¿Desde qué edad se puede estimular la posición de la lengua?

La posición de la lengua es un tema que genera muchas dudas entre familias y profesionales. ¿Se enseña? ¿Se corrige? ¿Se estimula? La realidad es que la lengua no aprende su postura por instrucciones, sino a través de experiencias sensoriomotoras que comienzan desde los primeros días de vida.


Este artículo te guía por cada etapa del desarrollo y te muestra cómo acompañar este proceso de forma natural, respetuosa y efectiva.


0–6 meses: el inicio silencioso del desarrollo orofacial.

Aunque no se realizan ejercicios formales, esta etapa es clave para favorecer una posición lingual saludable.


Lo que realmente estimula:

  • Lactancia materna o biberón bien ofrecido, que promueven el sello labial y la elevación lingual.

  • Respiración nasal, favorecida por posturas adecuadas y un entorno tranquilo.

  • Exploración oral libre, sin interferencias innecesarias.

  • Evitar utensilios que presionen la lengua hacia abajo.


La lengua del bebé se mueve de forma espontánea, y eso es exactamente lo que debe ocurrir.




6–12 meses: las texturas como maestras del movimiento

La alimentación complementaria introduce desafíos motores que estimulan la lengua de manera natural.


Lo que ocurre en esta etapa:

  • La lengua se eleva hacia el paladar para manejar alimentos.

  • Aparece la lateralización, necesaria para mover la comida de un lado a otro.

  • Se coordina respiración, masticación y deglución.

  • Los sonidos del balbuceo (como /n/, /l/, /t/) favorecen la elevación lingual sin ejercicios rígidos.






1–3 años: juego, hábitos y función.

Aquí sí se puede “invitar” a la lengua a moverse de forma más intencional, pero siempre desde el juego y la experiencia.


Estrategias naturales:

  • Juegos vocales que elevan la lengua.

  • Postura corporal alineada para facilitar respiración nasal.

  • Rutinas que favorecen el descanso y la regulación.

  • Reducción progresiva de hábitos orales prolongados (chupete, biberón, succión digital).




3 años en adelante: cuando la intervención puede ser necesaria

Si aparecen señales como:

  • lengua baja en reposo,

  • respiración oral persistente,

  • babeo después de los 3 años,

  • dificultades articulatorias,

    entonces es momento de consultar a un profesional en motricidad orofacial.


La intervención en esta etapa puede incluir actividades más dirigidas, pero siempre respetando el ritmo del niño y priorizando la función sobre la forma.


La posición lingual se construye, no se impone.

La lengua encuentra su lugar a través de:

  • experiencias sensoriales,

  • respiración nasal,

  • alimentación variada,

  • juego vocal,

  • y hábitos saludables.


No se trata de “corregir”, sino de acompañar.


La estimulación comienza desde el nacimiento, pero siempre desde la función, el disfrute y la conexión.


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