¿Desde qué edad se puede estimular la posición de la lengua?
- CDC Panama

- hace 3 días
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La posición de la lengua es un tema que genera muchas dudas entre familias y profesionales. ¿Se enseña? ¿Se corrige? ¿Se estimula? La realidad es que la lengua no aprende su postura por instrucciones, sino a través de experiencias sensoriomotoras que comienzan desde los primeros días de vida.
Este artículo te guía por cada etapa del desarrollo y te muestra cómo acompañar este proceso de forma natural, respetuosa y efectiva.
0–6 meses: el inicio silencioso del desarrollo orofacial.
Aunque no se realizan ejercicios formales, esta etapa es clave para favorecer una posición lingual saludable.
Lo que realmente estimula:
Lactancia materna o biberón bien ofrecido, que promueven el sello labial y la elevación lingual.
Respiración nasal, favorecida por posturas adecuadas y un entorno tranquilo.
Exploración oral libre, sin interferencias innecesarias.
Evitar utensilios que presionen la lengua hacia abajo.
La lengua del bebé se mueve de forma espontánea, y eso es exactamente lo que debe ocurrir.

6–12 meses: las texturas como maestras del movimiento
La alimentación complementaria introduce desafíos motores que estimulan la lengua de manera natural.
Lo que ocurre en esta etapa:
La lengua se eleva hacia el paladar para manejar alimentos.
Aparece la lateralización, necesaria para mover la comida de un lado a otro.
Se coordina respiración, masticación y deglución.
Los sonidos del balbuceo (como /n/, /l/, /t/) favorecen la elevación lingual sin ejercicios rígidos.
1–3 años: juego, hábitos y función.

Aquí sí se puede “invitar” a la lengua a moverse de forma más intencional, pero siempre desde el juego y la experiencia.
Estrategias naturales:
Juegos vocales que elevan la lengua.
Postura corporal alineada para facilitar respiración nasal.
Rutinas que favorecen el descanso y la regulación.
Reducción progresiva de hábitos orales prolongados (chupete, biberón, succión digital).

3 años en adelante: cuando la intervención puede ser necesaria
Si aparecen señales como:
lengua baja en reposo,
respiración oral persistente,
babeo después de los 3 años,
dificultades articulatorias,
entonces es momento de consultar a un profesional en motricidad orofacial.
La intervención en esta etapa puede incluir actividades más dirigidas, pero siempre respetando el ritmo del niño y priorizando la función sobre la forma.
La posición lingual se construye, no se impone.
La lengua encuentra su lugar a través de:
experiencias sensoriales,
respiración nasal,
alimentación variada,
juego vocal,
y hábitos saludables.
No se trata de “corregir”, sino de acompañar.
La estimulación comienza desde el nacimiento, pero siempre desde la función, el disfrute y la conexión.
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