La aparatología no corrige el problema si no se trabaja en la función: una mirada clínica y educativa.
- CDC Panama

- 15 dic 2025
- 2 Min. de lectura

La aparatología, por sí sola, no transforma la causa del problema. Aunque puede ser una herramienta valiosa en el abordaje terapéutico, su efecto es limitado si no se acompaña de un trabajo activo sobre la función orofacial. En este artículo exploramos por qué el entrenamiento funcional es indispensable, cómo se complementa con los dispositivos, y qué implicaciones tiene para profesionales, familias y pacientes.

¿Qué entendemos por “función”?
La función se refiere a los patrones fisiológicos que usamos diariamente: respirar, masticar, deglutir, hablar, descansar. Estos movimientos involucran músculos, estructuras óseas y hábitos neuromotores que se desarrollan desde la infancia. Cuando hay alteraciones —como respiración bucal, deglución atípica o postura lingual baja—, el crecimiento facial y la posición dental se ven comprometidos.

¿Qué hace la aparatología?
Los aparatos (placas, expansores, trampas de lengua, etc.) pueden:
Guiar la posición de estructuras (lengua, mandíbula, paladar)
Estimular ciertos músculos o reflejos
Evitar patrones disfuncionales (como el empuje lingual)
Pero su acción es pasiva o indirecta. Si el paciente no entrena activamente la función, el aparato no genera un cambio duradero. Como señala la literatura especializada, “la clave es corregir la posición y función de la lengua, lograr una correcta respiración nasal y entrenar correctamente los músculos orales” (Ortodoncia Miofuncional – más allá de la maloclusión)
¿Qué sí corrige el problema?
El entrenamiento funcional, guiado por profesionales capacitados, es lo que permite:
Reeducar patrones neuromusculares
Estimular el crecimiento armónico
Consolidar hábitos saludables
Prevenir recidivas tras el tratamiento
¿Qué deben saber las familias y profesionales?
El aparato no es mágico: necesita acompañamiento activo.
La función es la causa: si no se corrige, el problema reaparece.
El trabajo debe ser guiado: por terapeutas miofuncionales, fonoaudiólogos, ortodoncistas con enfoque funcional.
La constancia es clave: los ejercicios deben integrarse en la rutina diaria.
La aparatología puede ser útil, pero no sustituye el trabajo funcional. Para lograr cambios reales y sostenibles, es necesario entrenar la función, educar al paciente y acompañar el proceso con conciencia y compromiso.
El aparato ayuda, pero la función transforma.



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